A raíz de esta nota de Julián Bruschtein en Página 12 sobre las elecciones en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, se me dispararon ciertas inquietudes/afirmaciones.

En cuánto a la elección del decano, Rubinich no es mi preferido entre los que se escuchan en los pasillos, pero antes que Schuster habrá que ver. Sobre todo si sostiene esa idea de autonomía frente al Gobierno. La gestión de Schuster es adicta al kirchnerismo –es postulados, actitudes, silencios y demás–, y podría ser bueno si al menos le hubiera servido para mejorar la situación de la facultad como prometía (estoy siendo irónico, jamás puede ser bueno, pero encima la facultad se cae a pedazos y está escindida en tres micropolos separados estratégicamente para que se desconozcan y desconecten). Ninguna ciencia social debiera ser adicta a un sector de poder y, sobre todo, no puede estar fragmentado el conocimiento si lo que se pretende es abarcar la sociedad en su conjunto, dar explicación, comprensión y, arriba las palmas, modificar-tranformar la realidad. Claro que la pretensión es otra, según se ve.

Jorge Lulo, que secunda a Rubinich, es profesor –¿o ex profesor?– de Filosofía y Métodos de las Ciencias Sociales, una de las tantas materias que no poseen alternativa. Es cátedra única. Vergüenza aparte, pertenece a Schuster. Capaz se peleó realmente y está ofendido o cree que eso está mal. Lo recuerdo como un tipo interesante, no sé si políticamente consecuente. Sobre todo no recuerdo haber sido consciente por esas épocas –unos años atrás– de percibir una postura ideológica en particular. Entre mi analfabetismo político y la proliferación de discursos lavados, todo se dificultaba. Beneficio de la duda con entrecejo fruncido para él. Algo no huele del todo bien, si tenemos en cuenta que es actual secretario académico.

En graduados es extraño el asunto. Los muchachos se agrupan en clientelas bajo algún pope académico. Abal Medina –dicen– tiene su grupo de seguidores y votan colectivamente. Se decide todo en cuánto a amistades, conocidos y futuras asignaciones de cursos y materias. Los consejeros de Alternativa Académica (ex Franja Morada), junto a los peronstas de la ex La Vallese hoy UES, ponen y sacan materias a su antojo. En la repartija prebendaria pierden lugar las ideas críticas y de izquierda, por supuesto. Pueden consultar los listados que circulan, pero salvo Economía Política (I y II) de Lavergne, donde varios pudieron-podemos estudiar El Capital, y alguna otra excepción, la mayoría de las optativas de izquierda están siendo recortadas. Thwaites Rey, Bonnet, Grünner, etc. Al menos eso es lo que ocurre en Ciencia Política.

En cuanto a los estudiantes y el centro, veamos. El Tren ganó legítimamente, a muchos los conozco, son “honestos” y buena gente. De izquierda reformista no revolucionaria, buscan el camino intermedio hacia la mejora. Carecen de declamaciones políticas extra universitarias –quizás algo contra el golpe de Honduras, no mucho más–, se quedaron en construir un techo en el bar de Marcelo T., armar una web del CECSO, abrir la participación y mejorar el sistema de apuntes. No es que no sean buenas las iniciativas, de hecho son loables y positivas. Pero no parecen suficientes para considerar al centro de estudiantes una herramienta gremial de lucha y formación político ideológica. Son inteligentes y tienen buena leche, pero se equivocan un poco en la creación de una facultad más autista que forjadora de sujetos políticos críticos que transformen la realidad, creo. En Política llevan a Mario Pechenny, un profe de la cátedra de Schuster, que forma parte del Consejo Directivo desde 2008. No sé qué onda con eso, no me parece un tipo muy capaz de cambiar la facultad en lo que hace falta.

En eso aparece La Comuna, como conjunción de izquierda que pretende reivindicar ese espacio de una Universidad que esté al servicio de la sociedad y el cambio y no meramente sumergida en los libros. Reconoce la búsqueda gremial de mejoras intra universitarias, pero exige actividad hacia afuera. Por otra parte, no quiere negociar con el decanato de turno ni con los Gobiernos nacionales. Son un poco más tajantes, pero dan muestras de madurez al unificarse y realizar mega reuniones –plenarios– de debate y acercamiento. Han invitado incluso al TREN, que se fragmentó en la elección de Junta –Prisma no participa allí, pero sí en Centro–, para que sean un gran frente de izquierda, pero estos no quisieron. Como director en Ciencia Política llevan a Nestor Lavergne, justamente. Un tipo que es de izquierda, pero independiente. Trabajador del INDEC, resiste la lucha contra el vaciamiento de ese organismo desde adentro. Para Sociología a “Chipi” Castillo, y para Comunicación a Mangone.

La UES es impresentable. Se fueron hace dos años y nunca presentaron más explicaciones que “va a haber fraude”. Ahora vuelven porque creen que pueden ganar y dicen que ahora sí hay condiciones. Hicieron un gremio estudiantil aparte, con estatuto y todo. Pintan aulas, arman ferias de apuntes. Son la mismísima ameba que crece hacia adentro. Jamás un postulado político o un fundamento del accionar. Además, están con todos los popes del poder y manejan los consejos hace años con los radicales como aliados entre las sombras. Y dicen que la facultad está vaciada y arruinada, pero ellos lo hicieron o fueron parte de. Sino no se explica su subsistencia. Entre alumnos no son muy populares, pero se encargan de reforzar su existencia con presencia militante por las mañanas y entre los estudiantes que están en sus inicios.

No sé qué más se puede esgrimir como argumento. Para votar siempre es bueno informarse y, claro, no dejar que eso nazca y muera en el simple acto del voto. Quizás parezca una tontera, nunca milité y creo que está sobreestimada esa militancia de facultad. Pero también está un poco subestimada. De ahí salen grandes luchas y búsquedas de pertenencia por una universidad, facultad, ciencia, país (¿mundo?) mejor. Suena utópico y grandilocuente, pero también es real que un sujeto se forma a diario. Y en la apatía del televidente que ejercemos en la UBA –y que se extiende por fuera, claro–, no está bueno seguir. Quizás suene petulante, soberbio o amenazante. Agresivo, ¿por qué no? Pero no es eso. Es instar a que los sujetos salgan un poco de su quietud intelectual y política. Es exigir que busquemos aquellos lazos sociales que superen la soledad de este sistema de consumo perverso que tiende a desunir y generar vacíos de humanidad y comunidad. Hacia adentro y hacia afuera del sujeto.