Venezuela le gana a la mierda por dos y yo, cientista social épico y heroico, pienso seguir buscando en forma tenaz. Hasta que los libros que hablen de este libro cuenten como un día de diciembre de 2009, el ignoto cronista y científico de la sociedad, Brian Majlin, emprendió la ingrata travesía por Latinoamérica para descubrir los males de esa particular y corrompida sociedad. Es decir, hasta que no esté embadurnado de mierda de pies a cabeza, no vuelvo a casa ni salgo de Venezuela.

En un proceso intenso de reconocimiento de campo, salgo por las calles de Maracaibo para hundirme en su basura. Con Ale vamos de bus en bus y a poco voy ganando noción del ciudadano tipo de la ciudad. El maracucho es bravucón, pero no es hosco. Si busco el caos me equivoqué de lugar. Y no por la pintoresca Universidad pública, sino porque esta ciudad no se parece en nada a la debacle pintada desde afuera.

El centro es bonito, a excepción de la zona ferial lindera al terminal de buses. Es cierto que hay racionamientos de energía y Venezuela sufre una de las peores crisis energéticas. Algunos –el Gobierno, por ejemplo— hablan de falta de lluvias y escasez de agua en la represa hidroeléctrica de Gurí, que alimenta energéticamente a casi todo el país, e incluso a partes norteñas del Brasil.  Otros acusan al Gobierno por regalar energía a vecinos y no invertir en infraestructura. Es cierto que la gente protesta y también es cierto que la omnipresencia de Chávez agota. Y no porque todo sea malo y caótico, sino porque la repetición es dañina. Pruebe usted de mirarse veinticuatro ininterrumpidas horas a un espejo y fíjese si se quiere o se odia.

A Chávez se lo ve las veinticuatro horas, en buses, carteles, puentes, escuelas, edificios públicos, televisión y radio. Sí, Chávez se las ingenia hasta para que por radio se le vea. Y amén de cosas interesantes y positivas, la sola idea de ser un gran hermano orwelliano le quita valor. Hasta los tontos del reality se salían de su vaina y tenías raptos de lucidez. O al revés.

Chávez hace tres bienes, cuatro males, dos bienes, un mal. El problema es bifacético. La faceta incontinente y la faceta inconsistente.

“A mí no me gusta, yo prefiero la oposición. Estos cortes de luz me tienen cansado.”

La frase anterior podría ser de Alex, su padre ó las tías. O la temible abuela. El problema –y Alex lo reconoce–es que no fundamentan sus odios. Con él paseo día y noche y, en todos los sitios, se hallan odios y amores chavistas. Pero no veo que todos sean opositores, como se dice allá afuera de los límites del país.

AFA. Alex y su fanatismo.

“Yo lo adoro, me da como devoción. Es como Dios para mí.” La madre de Alex es la antítesis de su familia, pero da una idea de los males de Don Hugo, que no puede generar apoyo u oposición, pues las pasiones que desata lo superan.

Por cierto, los cortes son programados y si se gasta menos energía en la zona que corresponde al domicilio, se premia a los vecinos y no se corta por un día. Planificación de los recursos. ¿Por errores previos o por un cambio en la cultura económico administrativa? Arriesgo un pedazo de cada, como todo lo que veo por estos lares.

Los medios, claro, son otra cosa. La oposición desfila día y noche por los canales opositores. La gente se expresa. Dicen que si no se es chavista es difícil sostener un empleo en algunas dependencias públicas. A eso y al cierre de RCTV parecen limitarse las denuncias por la inefable y mentada libertad de expresión y prensa cercenadas. Aquí cada quien suelta su vaina, creo.

Maracaibo reluce por la transpiración. Caminar sus calles se torna complicado. El caos y la mala situación de Venezuela están recubiertos de petróleo. Maracaibo, centro petrolero y de riquezas, tiene su epicentro chabacano y cipayo en el cento de cualquier ciudad cosmopolita: Mc Donald’s, Burger King, Wendy’s. Y Subway, claro.

De tradición y riqueza, de Hummer, Grand Cherokee y mucha camioneta. Venezuela y Maracaibo también tienen miseria eh, no se crea que no. Es más, tiene las dos características complementarias que definen a la miseria: un capitalismo que goza de excelente salud –aunque los dichos digan decir socialismo–, y está en Latinoamérica.

Por la noche me despido de la tía y de la prima. Son parientes de Alex, pero me atienden como uno más y el cariño es genuino. La calidez de esta gente es entrañable.

Al llegar a Mérida siento un cambio de aire. Ciudad universitaria por excelencia, epicentro turístico y comercial, se me hace amable, pero más artificial. Más amurallada. De cualquier forma, el fresco me alivia el cuerpo. Maracaibo es la ciudad más fría del mundo. Claro, sus cincuenta grados obligan al aire acondicionado infinito y cíclico. Eso también explica el consumo de energía y el hecho de que el clima sea importante. Describir un lugar por su temperatura es un error, pero cincuenta grados en pleno cemento le dan relevancia. Créanme.

-Chávez es un desastre. Esas tierras son ocupadas con aval del Gobierno. Ahora los dueños no las pueden reclamar.

-¿Pero las usaban? –pregunto a Alex, incrédulo.

-No.

A veces no entiendo las quejas. Y tienen motivos eh. La mentira, el personalismo, la social democracia capitalista en nombre del socialismo, los beneficios para funcionarios o allegados, las expropiaciones incontinentes –no, todas no se justifican aquí–, las decisiones equivocadas; pero no, eligen quejarse por lo bueno ó, al menos, digno. Quién pudiera tener un aval para que los “sin tierra” se apropien de los terrenos ociosos en desuso. Eso es mejor, sin ser chavista o populista exagerado, que la policía y la justicia amparando desalojos de ocupas desocupados y mutilados por la guillotina de la propiedad privada.

No hay duda de que la gente con más, sufre las embestidas populistas del jefe, pero la burguesía nacional se enriquece y en Mérida pululan los centros comerciales y los autos de lujo. Parece pueril juzgar una queja por sus riquezas subyacentes, pero es demencial la cantidad de centros comerciales en este país. El socialismo del siglo XXI pareciera una extraña combinación entre la popular repartija reivindicativa de Perón o Roosevelt, la frivolidad licuada de Ménem, y la liturgia y simbología de Fidel y el eternamente joven Che Guevara. Lo triste es que la queja es siempre por derecha. Siempre cívica y por el bolsillo o la ética. Claro, la clase media es esquizofrénica: vive como clase baja, oprimida; y piensa y actúa como clase alta, opresora.

Me acosté apenado con la queja y casi resuelto a emitir juicios sobre lo observado, pero aún esperaré unas horas. Mérida amanece con sol y todo el destello de sus casas coloridas invita a sentarse y hacer lo que más me gusta: mirar con un termito de mate y la radio encendida, para ver cómo andan los medios. Opositor, chavista, opositor, opositor, chavista. Juego a ver quién es quién, hasta que uno me sorprende.

“Si quieres riqueza, estudia –reza un locutor en el efe eme ciento dos punto uno del dial–. Rico en luces y conocimiento, más que en riqueza material”.

Al principio me suena a conformismo religioso para la masa oprimida, pero el locutor del canal clásico prosigue: “Derecho: Pertenece a la superestructura. Marco jurídico que engloba las condiciones de producción y es manejado por el Estado”. El micro cierra y anuncia programas culturales, educativos y hasta de educación sexual.

Radio Nacional de Venezuela me deja una sensación binorma. Agridulce. Enseñanza superficial de teoría marxista y adoctrinamiento cuasi dogmático. No alcanza para ser grandioso, pero es un paso adelante. Sin dudas será más fácil la desenajenación y toma de conciencia de un pueblo ducho en simbología y nociones socialistas que en otro, pero eso no lo desenajena, claro.

El problema de Chávez se resume en ese micro radial: es el mesías y dicta a las masas el socialismo que él interpretó e inventó para Venezuela. Y ya se sabe que, lamentablemente, no se estudia su designio socialista, se cree o no se cree. Como con Dios y sus feligreses.

Paso el dial en busca de la oposición y encuentro un programa argentino en el ciento cuatro punto uno. Un programa cristiano sobre política y actualidad en el que Dario Bruno menciona el problema de la contaminación visual en la Avenida Lugones, las ordenanzas municipales y las violaciones. Sí, todo eso, y dice que las necesidades despertadas por los carteles lascivos generan violencia sexual. Y pide una toma de conciencia sobre la posibilidad de que un ser humano sea contaminado por lo visual y sobre el deber de mantener una higiene mental

Cambio asqueado y azorado y me hago devoto chavista por media hora. No elijo ningún aleccionamiento, pero el Dios venezolano del siglo XXI está a años luz del antiguo Dios cristiano. Salgo a la calle a meditar con menos prejuicio y ganas de volver a ser simple hombre. Al parecer, las cosas no son como las explican.

Páramo. La culata y la nada.

Antes de subir al páramo de la Culata y deslumbrarme con su pacífica y silenciosa belleza, me acerco a la Plaza Bolívar –una en cada ciudad, claro—en busca de libros y me llevo siete de un tirón y por solo cinco dólares. Esto también es la Venezuela chavista: cultura accesible.

En la Plaza hay un puesto del CNE, porque en unos días son las elecciones primarias para elegir los candidatos partidarios a la Asamblea Nacional. En Venezuela hay una apatía y ausentismo impresionantes, como en cada país de Latinoamérica en el que el voto es opcional.

También hay un puesto que me llama. Anuncia “La Gran Campaña”. Allí conozco a Guillermo y Juancho. Uno, activista político de izquierda desde hace una década y miembro de un grupo universitario que practica el entrismo –radicalizarlo desde adentro– en las filas del PSUV de Chávez. El otro es miembro de Tatuy Tv, un medio alternativo para la independencia ideológica.

Guillermo me explica las ideas de su “Integración Universitaria”. “Queremos exigirle que deje a la pequeña burguesía y se apoye en la izquierda para que esto sea una verdadera revolución”. Parece interesante, pero llevan once años de derrota o atraso, según como se mire.

Ambos aúnan esfuerzos para firmar un petitorio y llevarlo al Palacio Miraflores (presidencial) para que éste se radicalice. También exigirán que se otorgue más poder al Ejecutivo en caso de que los legisladores elegidos se borocoticen, para que pueda revocarlos.

Tatuy Tv está por fuera de las guerrillas comunicacionales oficiales, porque son para escuelas y alumnos, pero Juancho se siente un guerrillero comunicacional y está un poco resentido por no ser incluido en los proyectos oficiales.

Intercambiamos datos y me olvido de ser cientista social para humanizarme nuevamente en el almuerzo que me sirve la prima de Alex. Todos en Venezuela me reciben como en mi propia casa. Mañana en San Cristóbal veremos que se encuentra, pero este país me agrada y vence los preconceptos. Tiene miserias y bondades, como cualquiera en Latinoamérica, y, a diferencia, vive un proceso de profundo cambio –y  de contradicciones señaladas—que inevitablemente divide aguas y surca el latir de una sociedad.

Eso es Venezuela hoy. Cerveza, calor, capitalismo con parches rojos, ambiente caldeado y mucho para conocer, escuchar y descubrir. Claro, antes habrá que olvidar lo que se haya enterado uno desde afuera.