En la tradición revolucionaria se menciona harta cantidad de veces la cuestión cultural y la necesidad vital de ejercer una contrahegemonía  para emancipar las mentes y liberar las conciencias de las clases oprimidas. Ya con eso, el combate de las masas será inevitablemente un triunfo. O algo así, pero con menos énfasis y más lucha.

Antonio Gramsci no fue el único que vio ese sugerente y fundamental paso previo a la revolución. Aparatos ideológicos, enajenación y fetichismo de la mercancía. Un sinfín de autores explicando los valores del ejercicio contracultural que desnude las miserias y engaños de la aparente conciencia universal capitalista. En Venezuela la acción está latente, pero el cambio cultural aún no llega y por eso es que se lucha.

-Huevón, pensá que Chávez llegó hace más de diez años con un discurso moderado y cívico y aún así le costó sostenerse. Recién hace unos pocos meses, tras once años, se declaró marxista. Un gran cambio.

Por eso de que esta sociedad está imbuida de consumo es que, según Ramón, Chávez copa todos los canales de comunicación posibles. Radio, televisión, diario y vía pública. “Hay que taladrarle la cabeza a la gente, que vive siglos de dominación cultural”.

-Acá hay libertad de expresión y de empresa, ya ves. Lo que ocurre es que  el periodismo siempre fue intocable y ahora empezó a ponerse en duda un poco.

Federico Ruiz habla con vehemencia, pero jamás pierde la calma. Desde su escritorio –y luego se arrima a la mesa en que me encuentro—me da detalles del proceso comunicacional en Venezuela. Fue vicesecretario en la embajada venezolana en Argentina y tiene un mate a mano. “Extraño más Buenos Aires que París”. Yo también, pienso.

Tras su pose intelectual hay un luchador convencido. Un peso pesado, a juzgar por su físico imponente. Gesticula con ambas manos al hablar. No por nervios, sino en claro ejercicio didáctico e ilustrativo. “Acá lo que hay es una batalla contra la disociación psicótica. Así le dirían allá en Argentina, que les gusta tanto el psicoanálisis”—ríe–.

Con el concepto pseudo analítico refiere a la imagen falaz que—dice—brindan los medios privados de comunicación. Mientras me cuenta una anéctdota sobre una marcha de hace años que causó supuestos destrozos en el centro—según GloboVisión—y que provocó el llamado asustado de su madre.

-Hijo, dónde estás?

-En el centro, cerca de Plaza Bolívar, por qué?

-Porque hay un desastre por ahí, dice el noticiario.

-Mamá, estoy acá y no pasa nada, cambiá de canal!

Pienso en las historias en Puente Llaguno –cuando el Golpe de Estado en 2002–. Con Ramón fuimos al puente y vimos algunos videos documentales sobre el día aquél. Los recomiendo, están en la web.

-Globovisión es de la familia Zuluaga, terratenientes históricos. Cuando se promulgó la Ley de tierras, que afectaba sus campos, comenzó su oposición furiosa. Y RCTV, que tanto se queja, solo perdió la licencia de aire vencida, pero sigue emitiendo por cableen forma libre. Ambas señales fomentaron el Golpe. Yo, si fuera Chávez, las cerraría sin dudarlo, pero él no lo hizo.

Me despido de Federico con un apretón de manos y la promesa de escribirnos. Él tiene cincuenta y tres años y es Director de la sala estratégica de Fundarte, una fundación para promover el arte, la cultura y la comunicación en Caracas. Antes de irme, me pinta el panorama de las guerrillas comunicacionales independientes. Son, a diferencia que las escolares, las que hace décadas forman los medios y artistas alternativos para contrarrestar los embates del mensaje unívoco del sistema capitalista. Entre otros, Zurda Conducta, Jorge Amorín, Pedro Carbajalino, Colectivo La Mancha, Avila TV y más de cien nombres que me acerca Inés Ruiz, una morena joven y luchadora, que dejó su radio alternativa para “luchar contra la burocracia de los ministerios por dentro”, en Fundarte.

La Mancha hoy. Por la paz entre Venezuela y Colombia.

-Es uno de los mayores inconvenientes-, me explica Oscar Sotillo, miembro fundador del Colectivo La Mancha. La burocracia pudre el sistema y los engranajes, bien lo sabe él, que ha trabajado en el Gobierno –área de cultura y comunicación—y salió agotado a los tres años. “Algunos se quiebran y pierden en la marea burocrática; yo, por mi parte, preferí sostener este proyecto independiente”.

La Mancha es un sueño de los ochenta, cuando Oscar, su compañera Jeanette Rodríguez y otros compadres idearon un espacio donde publicar sus textos y autores ignotos y con ideales anti capitalistas y, por ende, anti publicitarios. Se truncó por vaivenes y viajes, exilios y demás, pero hace ocho años gestaron lo que hoy es una revista y editorial sustentable. Tienen programas de radio –en una emisora gubernamental–, revista, colecciones de poesía que le valieron menciones y premios por su aporte a la difusión cultural, sitio web propio –lamanchaweb.blogspot.com—y se sustentan con talleres y murales. Amén de alguna pauta ministerial ocasional.

-Vamos contra el sistema y no queremos publicidad de consumo. Sería contradictorio. Para eso realizamos actividades. Y como criticamos mucho al Gobierno –a pesar de apoyarlo–, no pretendemos pauta oficial. Pero la tenemos y casi nunca nos han regañado. Somos absolutamente libres.

Pregunto acerca de la significancia de ese “casi”, y me devuelve una mirada en búsqueda de complicidad. Luego explica que, “como en cualquier lado”, hay gente “más papista que el Papa”.

Una de las críticas de La Mancha a Chávez es sobre la situación indígena y las tierras en Oriente, donde ni se respeta la Ley de tierras chavista. Peor aún: Chávez ha apoyado a los ganaderos. Sin embargo, ese mismo día en el Teatro Municipal da una de sus kilométricas charlas –con El Capital en la mano izquierda, como símbolo simpático—para los candidatos seleccionados  en las primarias abiertas para la Asamblea Legislativa. Les recomienda atender las necesidades de la gente y lee mensajes instantáneos de su cuenta de Twitter por Blackberry. Y, claro, manda resolver los pedidos. Populismo televisado, pero también cita a Marx y le encomienda a los candidatos su estudio profundo. Y también los incita a la lectura de Gramsci, por el combate comunicacional. Entre lo que dice, se refiere a las tierras y a los indígenas. Reconoce su error y promete remendar lo que no ha sido respetado. Autocrítica hay. Habrá que ver si cumple la promesa.

La charla con el Colectivo La Mancha es jugosa y seguiremos en contacto. Su activismo es destacable y su lucha incansable. Felices por el proceso actual, dicen al unísono: “Se crearon oficinas estatales para medios alternativos y comunitarios, ley específica y se reinsertó la imagen del libro en el imaginario colectivo”.

Michel, el canoso y delgado franco chileno, decía lo mismo y su palabra cobraba vigor por haber trabajado años en proyectos editoriales económicos en el Gobierno. La cultura como base del cambio es un estandarte de cualquier revolución que se precie o intente serlo. Yo mismo he conseguido libros a montones por monedas. Y el que quiera leer, que lea.

-Yo soy guerrillero comunicacional. Todos en Avila Tv lo somos.

Jender Mellado es joven, apenas unos veintinueve años. Tiene cabello afro, tez morena, dientes blanquísimos y mucho carisma. Como los muchachos del Colectivo La Mancha, él también se considera un guerrillero del mensaje.

“Irreverencia, humor, crítica, chispa e ideología pero con los códigos de la juventud”. El decálogo de intenciones de Avila Tv es loable. Llevan tres años y mucha producción audio visual alternativa. Aún siendo críticos, dependen del Ministerio de Comunicación e Información para el Poder Popular (MINCI) y “este año –lamenta Jender—no hay producciones nuevas”. El problema es el cambio de Director, que “es un burócrata”. Jender repite la acusación sobre los mismos males que denunciaran Oscar e Inés. Pronto habrá renovación directiva y Jender cree que, debido a su antigüedad, será uno de los directores.

Avila Tv es un canal escuela que funciona en el centro de Caracas y solo en ese municipio se  ve. Jender es de la zona y militó desde pequeño en los batallones juveniles socialistas de Altagracia, su parroquia. Es productor y jefe de producción, según la época, y ha estudiado en Avila Tv, que aún forma a nuevos interesados en la producción audiovisual independiente y alternativa a través de cursos anuales.

Como dice Oscar Sotillo, “el socialismo busca nuevos modelos y patrones comunicacionales”. Jender me cuenta con franqueza los problemas administrativos del canal, pero reivindica con fervor su tarea. Como son anti, tampoco tienen publicidad, que iría en contra de su ideología. Jender es, además, un cuadro del PSUV. Es asistente y forma parte del equipo de comunicación de Héctor Rodríguez, que es el Director y coordinador de la juventud partidaria.

-Para las legislativas han elegido cuarenta y cuatro jóvenes de doscientos candidatos. Es un recambio nunca visto y es fundamental, para que se llene de gente con convicción y educados en el proceso”, exclama Jender. La oposición conservadora, claro, no lleva juventud alguna.

Jender ríe y baila con una compañera. Su celular no para de sonar. Se disculpa y lo apaga. Luego se pone serio y me cuenta que lo enviaron a Cuba a formarse en producción audiovisual y también que es miliciano civil. Es parte de los treinta y cinco mil voluntarios que juraron hace meses y fueron instruidos en armas “por si fuera necesario defendernos”. “Creen que haremos una guerra, pero no vamos armados más que en las prácticas. Y nuestros objetivos son únicamente defensivos. Si hacemos una guerra sería suicida, pero eso sí –añade–, si nos atacan, moriremos de pie”.

Del edificio céntrico de Avila Tv me iré a comer una arepa con Gabriel, que me acompañó en el rally comunicacional. Ambos vamos enfervorizados y convencidos de que la lucha cultural será complicada, pero estimulante u necesaria.

La historia de enfermedad cultural y consumista nos obliga a repensarnos como sujetos y naciones supuestamente independientes. No alcanza ser soberanos y tener simbología patria, la única escapatoria es la comprensión acabada de la existencia de la explotación y sujeción de las falaces libertades discursivas. Para desenajenarse y redoblar el angustiante pero enriquecedor proceso de saberse humano. Miembro de un colectivo superior a los deseos de consumo personal.

No basta con eso para el cambio y es cierto que la luz siempre lastima los ojos que nunca han visto, pero es sabroso el intento y la certeza  de que se cambia cambiando y que, solo en la lucha por el conjunto, recobra algún sentido la realización individual.