Pibes con palos, pibes con piedras, pibes con gomeras, pibes con cara tapada, pibes con saña, pibes violentos, pibes de izquierda, pibes independientes, pibes podridos. Pobres pibes. La prensa burguesa se hizo un festín.

Cuatro formas de ajusticiar al discurso hegemónico sin necesidad de justificar la violencia –que se justifica, claro, pero que no es el momento–. Por partes: la policía víctima, los jóvenes iracundos, el Anibal y su seguridad, el cinismo del poderoso.

La policía víctima. Los principales títulos e imágenes se repitieron incansablemente desde la mañana de ayer hasta la mañana de hoy. La intencionalidad de la construcción discursiva y de la realidad es tan evidente en cada letra y foto, que parece ridículo que haya quien compre esa “verdad”. Como los hay, cambiemos el foco a ver si logramos sacar del sopor al sentido común.

Los medios colapsaron los sentidos del consumidor con una articulación sesgada y peligrosa. Falaz, por cierto. Policías llorones y vomitantes, se defendieron con dificultad ante los arrebatos de una masa juvenil militante, descontrolada e incontenible. Verguenza.

Los medios, corporativos, burgueses, dominantes, aliados por interés de clase a la policía –que no es más que el aparato represivo que defiende los derechos burgueses– o a sus jefes –ver El Anibal–, sustrajeron de ella toda violencia. Toda agresión saña y enjundia, fueron a parar al depósito de la juventud. Los agresivos “barbudos” –porque Clarín hasta se dio el gusto de construir desde la imagen– expertos en el arte de la gomera –solo reproduzco los decires de la cornetita– atacaron ferozmente a los uniformados que intentaban cuidar el patrimonio de la Ciudad y las instituciones “democráticas”.

La policía, principal causa de muertes en democracia –sí, más que la inseguridad incluso–, desprovista de maldad y solo dispuesta a defender. Jamás verás un oficial elevar su mano. Nunca el abuso de poder. Nunca una provocación.

Solo La Nación –y solapadamente en un párrafo poco importante y con una clara desinformación previa en la nota– dice que la “refriega” comenzó por los golpes que recibieron los consejeros cercanos a la FUBA al no poder ingresar a la Asamblea. Golpes propinados por la seguridad del Congreso y por la policía. Las instituciones no pegan, pero siempre tienen su brazo armado.

Los jóvenes iracundos. Volvamos sobre el eje de la disputa: la juventud perdida. Los medios, que se encargan durante 364 días del año de promover la imagen de los jóvenes apolíticos, desideologizados, con falta de intereses, vagos, drogadictos, borrachos, putañeros y putitas; tuvieron su momento de jolgorio. Por única vez en el año, cambiaron el discurso para clasificar a los jóvenes como agresivos, politizados, armados, militantes y, sobre todo, violentos.

Nuevamente la descalificación de la política. Como si la idea de una movilización organizada y consciente en la persecución de un objetivo fuese una forma de quitarle validez. Nuevamente la criminalización de los jóvenes, ya no de los desclasados hijos de la exclusión intrínseca del capitalismo, sino de los activistas políticos. Los malhechores que se levantan contra las normas y los estatutos. Su peor fantasma: los subversivos.

Los temores son tan amplios que precisan de artilugios y menudeos para su deforme visión de los hechos. Los pibes no son representativos, no son tolerantes, no son estudiantes.

El Anibal y su seguridad. Jefe de gabinete progresista, garante del orden en su antiguo rol como ministro del Interior, chicanero, simpático, carismático de televisión. Promotor de la tolerancia ante la protesta social en épocas de repliegue y resurgir burgués –pos 2001–, promotor de la “seguridad interna” en su versión 2009. Represión en Kraft, represión ayer, represión mañana. Cada lucha será caracterizada como no representativa, será apaleada en nombre de las garantías jurídicas, será sepultada con la broma cínica.

“No son estudiantes, son activistas”. La frase favorita de la burguesía –incluso de sus hijos bobos pequeño burgueses, que le hacen el juego a la moralina doctrinaria del capital– sale de la boca del progresismo. Boca que se jacta de conservar el orden, boca que se pregunta porque no entraron a la Asamblea los consejeros estudiantiles y afines a la FUBA. Boca que no desconoce los golpes y las estrategias de mantenimiento del poder, pero que manipula a gusto con el cosquilleo de su bigote parlanchín y progresista. El cinismo se hace carne en los detentores del poder.

El cinismo del poderoso. Y no solo del Anibal, que es el máximo exponente. Hay cinismo en periodistas, en policías, en garantes serviles del status quo burgués. Hay cinismo en Hallú, que a viva voz y con su media sonrisa socarrona, les expone a los medios su visión y alegría. Su “preferiría que fuera sin policía”, su mediocre victoria garantizada a los golpes, pero constituida sobre los negocios, sobre las mentiras, sobre las derrotas de las pujas estudiantiles por una Universidad al servicio de la sociedad y no del capital.

Y los medios van y compran. Repiten los decires del gordo de navidad, le dan las fotos grandes, le permiten su zonza verba conciliadora. Su falacia de la representatividad y toda su grotesca lectura: “Si reprimieron a los consejeros no lo sé, porque no estuve ahí”.

El cinismo le permite desconocer que promovió una Asamblea policial, que prefirió repetir lo de 2006 sin modificar nada de lo prometido, que claro, que vamos a democratizar cuando haya consenso para eso.

El cinismo, aliado del poder y su interés de clase, le permite ir en contra, no solo de lo que quisiera la izquierda agresiva que quieren hacer ver, sino de sus propios decires. Todo sin costo alguno.