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Los palos, las gomeras y los tuercas.

Pibes con palos, pibes con piedras, pibes con gomeras, pibes con cara tapada, pibes con saña, pibes violentos, pibes de izquierda, pibes independientes, pibes podridos. Pobres pibes. La prensa burguesa se hizo un festín.

Cuatro formas de ajusticiar al discurso hegemónico sin necesidad de justificar la violencia –que se justifica, claro, pero que no es el momento–. Por partes: la policía víctima, los jóvenes iracundos, el Anibal y su seguridad, el cinismo del poderoso.

La policía víctima. Los principales títulos e imágenes se repitieron incansablemente desde la mañana de ayer hasta la mañana de hoy. La intencionalidad de la construcción discursiva y de la realidad es tan evidente en cada letra y foto, que parece ridículo que haya quien compre esa “verdad”. Como los hay, cambiemos el foco a ver si logramos sacar del sopor al sentido común.

Los medios colapsaron los sentidos del consumidor con una articulación sesgada y peligrosa. Falaz, por cierto. Policías llorones y vomitantes, se defendieron con dificultad ante los arrebatos de una masa juvenil militante, descontrolada e incontenible. Verguenza.

Los medios, corporativos, burgueses, dominantes, aliados por interés de clase a la policía –que no es más que el aparato represivo que defiende los derechos burgueses– o a sus jefes –ver El Anibal–, sustrajeron de ella toda violencia. Toda agresión saña y enjundia, fueron a parar al depósito de la juventud. Los agresivos “barbudos” –porque Clarín hasta se dio el gusto de construir desde la imagen– expertos en el arte de la gomera –solo reproduzco los decires de la cornetita– atacaron ferozmente a los uniformados que intentaban cuidar el patrimonio de la Ciudad y las instituciones “democráticas”.

La policía, principal causa de muertes en democracia –sí, más que la inseguridad incluso–, desprovista de maldad y solo dispuesta a defender. Jamás verás un oficial elevar su mano. Nunca el abuso de poder. Nunca una provocación.

Solo La Nación –y solapadamente en un párrafo poco importante y con una clara desinformación previa en la nota– dice que la “refriega” comenzó por los golpes que recibieron los consejeros cercanos a la FUBA al no poder ingresar a la Asamblea. Golpes propinados por la seguridad del Congreso y por la policía. Las instituciones no pegan, pero siempre tienen su brazo armado.

Los jóvenes iracundos. Volvamos sobre el eje de la disputa: la juventud perdida. Los medios, que se encargan durante 364 días del año de promover la imagen de los jóvenes apolíticos, desideologizados, con falta de intereses, vagos, drogadictos, borrachos, putañeros y putitas; tuvieron su momento de jolgorio. Por única vez en el año, cambiaron el discurso para clasificar a los jóvenes como agresivos, politizados, armados, militantes y, sobre todo, violentos.

Nuevamente la descalificación de la política. Como si la idea de una movilización organizada y consciente en la persecución de un objetivo fuese una forma de quitarle validez. Nuevamente la criminalización de los jóvenes, ya no de los desclasados hijos de la exclusión intrínseca del capitalismo, sino de los activistas políticos. Los malhechores que se levantan contra las normas y los estatutos. Su peor fantasma: los subversivos.

Los temores son tan amplios que precisan de artilugios y menudeos para su deforme visión de los hechos. Los pibes no son representativos, no son tolerantes, no son estudiantes.

El Anibal y su seguridad. Jefe de gabinete progresista, garante del orden en su antiguo rol como ministro del Interior, chicanero, simpático, carismático de televisión. Promotor de la tolerancia ante la protesta social en épocas de repliegue y resurgir burgués –pos 2001–, promotor de la “seguridad interna” en su versión 2009. Represión en Kraft, represión ayer, represión mañana. Cada lucha será caracterizada como no representativa, será apaleada en nombre de las garantías jurídicas, será sepultada con la broma cínica.

“No son estudiantes, son activistas”. La frase favorita de la burguesía –incluso de sus hijos bobos pequeño burgueses, que le hacen el juego a la moralina doctrinaria del capital– sale de la boca del progresismo. Boca que se jacta de conservar el orden, boca que se pregunta porque no entraron a la Asamblea los consejeros estudiantiles y afines a la FUBA. Boca que no desconoce los golpes y las estrategias de mantenimiento del poder, pero que manipula a gusto con el cosquilleo de su bigote parlanchín y progresista. El cinismo se hace carne en los detentores del poder.

El cinismo del poderoso. Y no solo del Anibal, que es el máximo exponente. Hay cinismo en periodistas, en policías, en garantes serviles del status quo burgués. Hay cinismo en Hallú, que a viva voz y con su media sonrisa socarrona, les expone a los medios su visión y alegría. Su “preferiría que fuera sin policía”, su mediocre victoria garantizada a los golpes, pero constituida sobre los negocios, sobre las mentiras, sobre las derrotas de las pujas estudiantiles por una Universidad al servicio de la sociedad y no del capital.

Y los medios van y compran. Repiten los decires del gordo de navidad, le dan las fotos grandes, le permiten su zonza verba conciliadora. Su falacia de la representatividad y toda su grotesca lectura: “Si reprimieron a los consejeros no lo sé, porque no estuve ahí”.

El cinismo le permite desconocer que promovió una Asamblea policial, que prefirió repetir lo de 2006 sin modificar nada de lo prometido, que claro, que vamos a democratizar cuando haya consenso para eso.

El cinismo, aliado del poder y su interés de clase, le permite ir en contra, no solo de lo que quisiera la izquierda agresiva que quieren hacer ver, sino de sus propios decires. Todo sin costo alguno.

Los métodos.

La situación se va crispando en el país, dicen los diarios y los analistas. Los opositores y los oficialistas. De a poquito, todo lo que era orden y progreso –en franca imitación al hermano mayor verdeamarhelo– se va tornando complejo, turbio, distorsionado. Ya nadie habla de crecimiento a tasas chinas, de (re) distribución –salvo la de diarios–, de las leyes progresistas o de las traiciones opositoras. Ya nadie puede escapar a Kraft, al Subte, a los movimientos piqueteros y tantas otras expresiones de esa “gente no gente” para los medios que empieza a redefinir el concepto de  “lagente”.

Las opiniones, tan diversas como los sujetos opinantes, se pueden clasificar en simples grupos. No por desmerecer la heterogeneidad del ser humano, sino por otorgarle un marco de comprensión interesante. Están, pues, los que a favor, los que en contra, los que a favor –pero no en los métodos–, los que en contra –solo por los métodos–, aunque estos dos últimos grupos cargan mucho de hipocresía o de unión en sus vértices.

Los que a favor, ponen el cuerpo. Y no son solo los ultraizquierdistas que quieren ver. Hay trabajadores –de todo tipo–, estudiantes –de todo tipo–, gente –claro, de todo tipo también–. Y no buscan el piquete, el paro o los cortes como método de regocijo. Algunos críticos creen ver en la continuidad un placer a partir de la rebeldía per se. Qué torpeza o qué miopía. Qué hijaputez.

Los que en contra cuestionan la idea de que se pueda protestar contra este sistema. Que se pueda ir en sentido contrario a los carriles de la normalidad que nos impone agachar la cabeza y recibir el próximo fustazo. Y deberían saber: para quien su única herramienta de subsistencia es el propio cuerpo, no queda otro método que el del propio cuerpo a disposición de la protesta.

Los que a favor y los que en contra –y cuestionan los métodos–, admiten la posibilidad de una queja. De una necesidad, madre de toda queja, claro. Pero caen en la utopía de creer en alternativas que no incomoden al resto de la población y, aún así, sean capaces de hacer visible una cuestión, para que esté socialmente problematizada –palabras de O’ Donell y la politología en pleno, para los que gustan del academicismo–. Y acusan de utópicos a los de “ultraizquierda” por ir en búsqueda de un sistema diferente que posiblemente jamás lleguen a ver ni disfrutar como humanidad. Qué paradoja ver el el dorso del propio yo en la imagen de un espejo.

Los métodos, que se los da el colectivo social –el que fuere en cada ocasión– en su lucha, no son cosa menor. Pueden acarrear inmensas derrotas políticas y, claro, hay pedazos de población –pedazos porque estamos en descomposición como humanidad– que no tienen cómo subsistir a tal derrota. Por eso Kraft es emblema con su victoria a medias y su lucha que persiste. Por eso el subte es emblema con su millón de usuarios que Clarín dice están afectados y con bronca. Porque son luchas que se propagan y se muestran como posibles y necesarias. Y porque tienen un apoyo innegable de diferentes grupos de la sociedad.

Podrá intentarse una reflexión sobre los métodos sí o los métodos no. Pero jamás puede desprendérsela de la ceguera. No puede desligarse a los métodos de las causas, ni tampoco utilizar cualquier método que perjudique la propia lucha. El apoyo y la fuerza son las herramientas básicas de la lucha y el cambio. En la soledad germina la derrota.

Cayó el muro, llovieron piedras.

Hace 20 años se produjo uno de los hechos más relevantes de la historia mundial contemporánea. “Se produjo” es un eufemismo más de los que esconden la verdad. Lo produjeron los sujetos en su devenir consciente y práctica consecuente. Aunque la historia se haga cuento y se recorten los protagonistas colectivos.

En 1989, pues, luego de más de 40 años de división y hostilidades, la reunificación de Alemania sería uno de los símbolos más estruendosos de la caída del mundo bipolar. Caía, quizás para siempre, la materialización del comunismo que pobló medio mundo. Aclaremos: la materialización de lo que se arrogó tal nombre.

En un interesante concepto, suele decirse que lo que allí hubo fue “socialismo realmente existente”. El filósoso y sociólogo del este, Tomás Várnagy, suele destacar este concepto como la materialidad de un régimen que se deformó sobre ejes erróneos y acabo por romper con los propios fundamentos que le dieron origen. Incluso con las múltiples diferencias dentro de cada país del “este”. Otro concepto discutido, por cierto, al fijar la mirada sobre el horizonte geográfico y cultural, que da por tierra la ilusión de una comunidad del este unificada y homogénea. Europa del Este es un invento, explica.

Dos décadas han pasado y las promesas capitalistas y libertarias tuvieron resultados dispares. Entre la potencia rusa, los beneficios de la Alemania oriental por ser Alemania al fin, y con la Unión Europea como luz al final del túnel para países como Polonia o República Checa; no son pocos –y conforme el avance del capital cada vez son más– los que tienen ostalgie. Mezcla de Ost (Este) y Nostalgie, del alemán.

La nostalgia del este es parte de aquellos que aún recuerdan con añoranza las épocas pasadas. La caída del muro, festejada por muchos, trajo una lluvia de piedras para otros. El capitalismo, panacea de la libertad según los ganadores, trajo en su justa medida –desmedida– la miseria social y la descomposición cultural y colectiva.En fin, su naturaleza intrínseca.

Cruzando el charco.

Finalmente, habrá segunda vuelta en Uruguay. Los estrategas políticos orientales han conseguido forjar un sistema electoral que les garantice que la oposición –progresista o izquierdista, según por donde se la mire– no pueda concretar sus objetivos de poder en primeras vueltas. Incluso en algunas como las de ayer, donde el triunfo es por escándalo antes que por los números.

De esta forma, los otrora mayoritarios Colorados y Blancos, hoy muy por debajo del Frente Amplio “tupamaro”, aún logran unificarse en la segunda vuelta para que se conserve el orden de la república soñada. Con sueños conservadores y pseudo pacifistas. Concertadores, conciliadores del olvido, claro.

Aún así, las quejas de Pepe Mujica poco importan. Es probable incluso que se imponga en la repesca. Cuando un candidato gana con tanto margen y debe someterse a una segunda vuelta, le queda mejor el nombre de repesca –como los españoles llaman al repechaje–. Mucho más real, por su significado, que la fantasía del desempate.

Pero más allá de la impresentable sumatoria rosa –blancos y colorados uníos–, hay otro tema más doloroso. La impunidad. Algunos paisanos celestes suelen sentirse satisfechos con la noción de que son los que mejor supieron transitar el paso a la democracia en latinoamérica. Sin tanto odio y revancha, dicen. Sin olvidar que fue una guerra, les falta decir. O no.

Hace unos días estuve con el responsable del Partido Colorado en Buenos Aires y lo dijo sin misterios. “Queremos un presidente para todos los uruguayos, sin revanchas. La memoria completa, mirar la historia con los dos ojos. Bordaberry fue un presidente constitucional y fue el único que solucionó los problemas del Uruguay por entonces”. Podría seguir horas reproduciendo los mensajes del amable Carlos Corbalán. Creo que no hace falta. Se entiende que ni Cecilia Pando podría haber reflejado mejor a su misma ideología.

También se rechazó el voto epistolar. Los compañeros del Frente Amplio en Buenos Aires, explicaban que la mayoría de los uruguayos fuera de su país, son frente amplistas, ex tupamaros o, en general y al menos, progresistas o de izquierda. Todo se entiende mejor con información que explique los resultados, claro.

Lacalle, candidato blanco, ex presidente neoliberal, disputará en las urnas la repesca por otro lugarcito en la historia. Bordaberry hijo, candidato colorado, ya confirmó su apoyo a los blancos. Rosas: “No es un ataque al Frente Amplio, sino que me gusta más el ciudadano Lacalle”. La mentira de los ciudadanos iguales ante la ley y la historia. La desigualdad no existe a los ojos de ciertos grupos de poder conservado.

Sólo me pregunto qué pasaría si acá en Argentina los próximos candidatos presidenciales fueran un hijo de Videla, Menem y un ex montonero. Bueno, en realidad, no estuvimos–¿estamos?– lejos. Siguen vigentes algunos personajes nefastos, no seamos hipócritas.

Por cierto, no se trata de analizar si la guerrilla armada fue un movimiento reprobable. Sea como fuere, no es equiparable a la violencia sistemática del Estado. No podría jamás hacerse la comparación. Solo por eso, las teorías sobre demonios bicéfalos pierden relevancia y lógica. Ni hablar si el análisis se hace con detalles.

Es triste por los que, aún sin la tontera adjudicada de una búsqueda revanchista, preservan la inquebrantable ilusión de que la justicia arrase con los canallas que se arrogan la defensa de la patria. Siempre tan putas las patrias.

Fracturas malintencionadas.

El último viernes, centenares de manifestantes se dieron cita frente al Ministerio de Trabajo y seguridad social, en Alem al 400, para seguir de cerca las negociaciones entre las partes involucradas en el conflicto que Kraft mantiene con sus trabajadores.

Mientras puertas adentro se decidía el futuro de los más de 160 trabajadores despedidos por exigir condiciones sanitarias adecuadas durante la recordad epidemia de gripe N1H1, afuera un nutrido grupo de trabajadores hacía “el aguante” junto a militantes de partidos de izquierda –PO, PTS, Izquierda Socialista y MST entre otros– y la FUBA, entre otros.

Las caras de cansancio por el desgaste al que son sometidos no dejaban entrever lo que luego sucedería. Cesar García, delegado en Kraft, aseguró que la lucha continuaría hasta “lograr la reincorporación de todos los compañeros”. Además hizo una revisión exitosa y optimista de los logros obtenidos hasta la fecha: no más despidos, freno a las intenciones de la patronal de aumentar los turnos y recortar el nocturno, deshaciéndose de 700 empleados, reincorporación de los cinco delegados de la comisión interna suspendidos ilegalmente.

En el mismo sentido se expresó Christian Castillo, profesor universitario y dirigente del PTS, que categorizó el conflicto de la ex Terrabusi como “caso testigo” para la clase obrera argentina, dado que mostró a las claras la fuerza de los trabajadores unidos y la importancia de la masa estudiantil y social en apoyo a las luchas obreras.

Nadie esperaba que se firmara el acta acuerdo que ponía condiciones específicas para la paz social. Es decir, no más asambleas, ni huelgas, ni protestas por 60 días. Un pedido que, no solo sirve para el desarrollo de la producción, la suspensión de trabajadores y el sostenimiento de lo realizado, sino que atenta contra los más constitucionales derechos laborales. Extraño en los que se amparan en la legislación para expoliar al trabajador. O no tanto.

Sin embargo, tres de los cinco miembros de la comisión interna presentes firmaron el acuerdo. Fracturados o no, las explicaciones divergentes entre sí, se amparan en la necesidad de trabajar, en la reincorporación de 40 trabajadores que se suman a los 30 ingresados en primera instancia, en una votación que, según denuncia uno de los delegados que no firmó , Javier Hermosilla, fue “bajo apriete de la patronal”.

En ese contexto, los diarios levantaron de último momento las novedades. Adjudicaron la firma a quiebres en la comisión interna, despertaron suspicacias e incluso mintieron alevosamente. Clarín, por caso, aseguró en principio que 8 de 10 miembros habían firmado. En realidad solo acertó en la cantidad de disidencias: Bogado y Hermosilla.

Muchos incluso dieron por cerrado el conflicto, con las palabras del propio Ministro Tomada. Sin embargo, las horas y los días redefinen la situación. Los disidentes –e incluso aquellos que firmaron– aseguran que la firma del acta acuerdo será revisada por la asamblea de trabajadores. Habrá que ver cuánto de resuelto tiene el conflicto y cuánto de deseo expresan los medios corporativos y empresariales de comunicación en sus ediciones online.

Leemos el diario, estamos inseguros.

En los amaneceres de octubre se leen nuevos vaticinios. Una ola de muertes turbias y violentas sacuden al país. Buenos Aires, malos tiempos, pocas oportunidades para subsistir. La turba iracunda de tinta violácea se posa en nuevos futuros asados para bendecir al ciudadano en su sopor matinal. Y cada augurio es un tormento, claro.

Las leyes pasadas obligan a nuevas argucias. Ahora dicen, ahora leemos. Al parecer, nuevos muertos masacrados caminan errantes por las callecitas de nuestras conciencias. La inseguridad galopa y galopante. Estrategias de verdad.

Y la ciudad es otra vez un caos. Y los cortes de tránsito entorpecen la armoniosa vida de los dignos trabajadores que habitan esta paradisíaca estancia. Otra vez los unos contra los otros, representando intereses colectivos o ajenos, según el quién. Y en el medio lo que se escapa, lo que nunca se aprehende. La velocidad que determina la existencia a través de condiciones materiales de constancia reproductiva.

Las luchas no perecen, pero están en el fondo de la realidad. Donde no existen entrevistas ni intenciones de dar visibilidad. Y los cortes que no son tales, son expresiones de lo que se padece.

Y algunos “expertos” hablan hasta de lo que no saben. O sí, claro. Tergiversan, manipulan, silencian. Hablan de tomas, de violencia, de politización endemoniada. Ojalá se politizase todo. Es hora de salir de la apatía que nos carcome por dentro atravesándonos desde un afuera siniestro.

Hay cambios posibles. Aunque vuelvan los muertos y los asesinos. Aunque la realidad se emancipe otra vez de la verdad y se funda en un incondicional abrazo con la falacia invisibilizante. Hay que sustraerse del aparataje mediatizado para poder ver con más claridad. Paradojas de la existencia moderna o posmoderna, según el analítico observador, más sigue siendo mucho menos.

Trabajo y dignidad. La miseria es agobiante.

Y los días pasan y las horas se caen de los relojes. La diferencia es que algunas agujas soportan mejor el paso del tiempo y otras simplemente se dejan vencer por la insoportable levedad de ser y la cruda realidad material que las constituye.

Otro claro ejemplo es el de la ex Terrabusi, donde los compañeros se agruparon y resisten hace un mes y medio la paralización de la planta en colaboración con los trabajadores despedidos y suspendidos. Allí las horas no se detienen y el paso del tiempo no es tan solo el devenir de los segundos atascados en algún reloj de pared de una dependencia gubernamental. Aunque la historia se remita a una espera en lucha. A un exigir ante la necedad.

Y mientras la empresa dilata la conciliación obligatoria dictada por las autoridades pertinentes -qué frío y aséptico el lenguaje preferido de las empresas periodísticas y los tribunales de oficio–, los trabajadores mastican el aire que les ha quedado en suerte. Algunos ya no resisten y aceptan la salida negociada. La limosna pasajera que les calme el agujero en los estómagos o revoque los techos hasta la próxima gotera.

Amansadora que amansa y avanza. Petrifica las luchas hasta torcerlas por su doblez más delgado. Una empresa que no produce ve cesar su capacidad de valorizar el capital. Un obrero que no trabaja ve cesar su capacidad de subsistencia mediada por la escasa paga que el capitalista le provee. Una paga que no es más que lo necesario para la mera reproducción física y espiritual de su fuerza procreadora de valor: el trabajo. Un trabajo que se extiende y queda delimitado más allá de las esferas del salario.

Y aún así, solo piden trabajo. Piden ser explotados para poder comer y lo demás. Solo pedimos, me digo y te digo.

Que al fin y al cabo el sistema es una perversión, pero aún así precisamos sus migajas para mantener nuestra capacidad de lucha. Y que nunca nos cansemos de ella, que la hoja con sus mil filos no recorte las quimeras.

Lo esencial es invisible a nosotros

Uno de los factores que más se destacan del proyecto de ley de servicios de comunicación audiovisuales es la democratización del espectro y la potencial pluralidad de voces. ¿Qué significa? Que a partir de una limitación en las licencias bajo un mismo adjudicatario y la salvaguarda a los contenidos y producciones locales, se fomenta la creación de múltiples puestos de empleo en el rubro.

Mas allá de este posible incremento –que va muy en contra de lo que auguran los espadachines del videograph y los zócalo parlantes– hay que poner especial énfasis en la pluralidad posible. Digo pluralidad por lo que venimos sabiendo sobre el recorte en las licencias y las cuotas de pantalla/contenidos musicales, y por la producción local. Y digo posible porque dependerá de cada lugar e interesados lo de llevar a cabo un rediseño de la estética y una resignificación del lenguaje para que no veamos múltiples imitadores de los males actuales. El ingreso de nuevos actores –privados o no– a la comunicación es bueno, pero mejor será si logramos transformar la uniformizada construcción del sentido común que nos rige hoy día.

Y volviendo a lo de democratizar, será bueno que otras voces ganen aire, lugar, pantalla, micrófono, vida. Será interesante que algún día –y eso que esta ley no se mete con la gráfica– podamos consumir más que esta tendenciosa articulación de la realidad que se llama Clarín. En esta nota, se despachan con uno de sus artilugios. Cuando organizaciones sociales/ estudiantes/ piqueteros/ sindicalistas/ gremios/ etc. marchan contra el hambre, o se movilizan en reclamo de justicia, o para exigir que se reincorpore trabajadores, están causando un “caos de tránsito”. Cuando “la gente”  cacerolea en Recoleta o Belgrano –y no importa que siempre sean menos cantidad que en los otros casos– se dice que muestran su descontento. Se reafirman sus consignas. Se invisibiliza a los enemigos y se realza a los amigos. Se utiliza su ideología.

Ideología que, claro está, es la del medio.

Por cierto, los invito a ver otras tretas de la fundación noble. Acá y acá.

Actualización:

Hoy siguen renovando mis ejemplos. No pueden parar. La realidad e puede tapar o se puede hacer tapa. Qué cinismo.

Ciencia Social. Sujeto autista o crítico.

A raíz de esta nota de Julián Bruschtein en Página 12 sobre las elecciones en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, se me dispararon ciertas inquietudes/afirmaciones.

En cuánto a la elección del decano, Rubinich no es mi preferido entre los que se escuchan en los pasillos, pero antes que Schuster habrá que ver. Sobre todo si sostiene esa idea de autonomía frente al Gobierno. La gestión de Schuster es adicta al kirchnerismo –es postulados, actitudes, silencios y demás–, y podría ser bueno si al menos le hubiera servido para mejorar la situación de la facultad como prometía (estoy siendo irónico, jamás puede ser bueno, pero encima la facultad se cae a pedazos y está escindida en tres micropolos separados estratégicamente para que se desconozcan y desconecten). Ninguna ciencia social debiera ser adicta a un sector de poder y, sobre todo, no puede estar fragmentado el conocimiento si lo que se pretende es abarcar la sociedad en su conjunto, dar explicación, comprensión y, arriba las palmas, modificar-tranformar la realidad. Claro que la pretensión es otra, según se ve.

Jorge Lulo, que secunda a Rubinich, es profesor –¿o ex profesor?– de Filosofía y Métodos de las Ciencias Sociales, una de las tantas materias que no poseen alternativa. Es cátedra única. Vergüenza aparte, pertenece a Schuster. Capaz se peleó realmente y está ofendido o cree que eso está mal. Lo recuerdo como un tipo interesante, no sé si políticamente consecuente. Sobre todo no recuerdo haber sido consciente por esas épocas –unos años atrás– de percibir una postura ideológica en particular. Entre mi analfabetismo político y la proliferación de discursos lavados, todo se dificultaba. Beneficio de la duda con entrecejo fruncido para él. Algo no huele del todo bien, si tenemos en cuenta que es actual secretario académico.

En graduados es extraño el asunto. Los muchachos se agrupan en clientelas bajo algún pope académico. Abal Medina –dicen– tiene su grupo de seguidores y votan colectivamente. Se decide todo en cuánto a amistades, conocidos y futuras asignaciones de cursos y materias. Los consejeros de Alternativa Académica (ex Franja Morada), junto a los peronstas de la ex La Vallese hoy UES, ponen y sacan materias a su antojo. En la repartija prebendaria pierden lugar las ideas críticas y de izquierda, por supuesto. Pueden consultar los listados que circulan, pero salvo Economía Política (I y II) de Lavergne, donde varios pudieron-podemos estudiar El Capital, y alguna otra excepción, la mayoría de las optativas de izquierda están siendo recortadas. Thwaites Rey, Bonnet, Grünner, etc. Al menos eso es lo que ocurre en Ciencia Política.

En cuanto a los estudiantes y el centro, veamos. El Tren ganó legítimamente, a muchos los conozco, son “honestos” y buena gente. De izquierda reformista no revolucionaria, buscan el camino intermedio hacia la mejora. Carecen de declamaciones políticas extra universitarias –quizás algo contra el golpe de Honduras, no mucho más–, se quedaron en construir un techo en el bar de Marcelo T., armar una web del CECSO, abrir la participación y mejorar el sistema de apuntes. No es que no sean buenas las iniciativas, de hecho son loables y positivas. Pero no parecen suficientes para considerar al centro de estudiantes una herramienta gremial de lucha y formación político ideológica. Son inteligentes y tienen buena leche, pero se equivocan un poco en la creación de una facultad más autista que forjadora de sujetos políticos críticos que transformen la realidad, creo. En Política llevan a Mario Pechenny, un profe de la cátedra de Schuster, que forma parte del Consejo Directivo desde 2008. No sé qué onda con eso, no me parece un tipo muy capaz de cambiar la facultad en lo que hace falta.

En eso aparece La Comuna, como conjunción de izquierda que pretende reivindicar ese espacio de una Universidad que esté al servicio de la sociedad y el cambio y no meramente sumergida en los libros. Reconoce la búsqueda gremial de mejoras intra universitarias, pero exige actividad hacia afuera. Por otra parte, no quiere negociar con el decanato de turno ni con los Gobiernos nacionales. Son un poco más tajantes, pero dan muestras de madurez al unificarse y realizar mega reuniones –plenarios– de debate y acercamiento. Han invitado incluso al TREN, que se fragmentó en la elección de Junta –Prisma no participa allí, pero sí en Centro–, para que sean un gran frente de izquierda, pero estos no quisieron. Como director en Ciencia Política llevan a Nestor Lavergne, justamente. Un tipo que es de izquierda, pero independiente. Trabajador del INDEC, resiste la lucha contra el vaciamiento de ese organismo desde adentro. Para Sociología a “Chipi” Castillo, y para Comunicación a Mangone.

La UES es impresentable. Se fueron hace dos años y nunca presentaron más explicaciones que “va a haber fraude”. Ahora vuelven porque creen que pueden ganar y dicen que ahora sí hay condiciones. Hicieron un gremio estudiantil aparte, con estatuto y todo. Pintan aulas, arman ferias de apuntes. Son la mismísima ameba que crece hacia adentro. Jamás un postulado político o un fundamento del accionar. Además, están con todos los popes del poder y manejan los consejos hace años con los radicales como aliados entre las sombras. Y dicen que la facultad está vaciada y arruinada, pero ellos lo hicieron o fueron parte de. Sino no se explica su subsistencia. Entre alumnos no son muy populares, pero se encargan de reforzar su existencia con presencia militante por las mañanas y entre los estudiantes que están en sus inicios.

No sé qué más se puede esgrimir como argumento. Para votar siempre es bueno informarse y, claro, no dejar que eso nazca y muera en el simple acto del voto. Quizás parezca una tontera, nunca milité y creo que está sobreestimada esa militancia de facultad. Pero también está un poco subestimada. De ahí salen grandes luchas y búsquedas de pertenencia por una universidad, facultad, ciencia, país (¿mundo?) mejor. Suena utópico y grandilocuente, pero también es real que un sujeto se forma a diario. Y en la apatía del televidente que ejercemos en la UBA –y que se extiende por fuera, claro–, no está bueno seguir. Quizás suene petulante, soberbio o amenazante. Agresivo, ¿por qué no? Pero no es eso. Es instar a que los sujetos salgan un poco de su quietud intelectual y política. Es exigir que busquemos aquellos lazos sociales que superen la soledad de este sistema de consumo perverso que tiende a desunir y generar vacíos de humanidad y comunidad. Hacia adentro y hacia afuera del sujeto.

La corporativización de los medios.

Uno ya casi no se sorprende. Se levanta, despabila y, entre mate y factura, recorre con indulgencia los titulares de los diarios principales. O de aquellos que, mitad por costumbre mitad por herencia, decide leer cada día.

Y digo con indulgencia porque, además de estar apenas cortando el ayuno de horas y sin fuerzas para despotricar contra la hipocresía del pasquín de turno, uno intenta no ser tan duro. Quisiera no ser un eterno desconfiado que adscribe a cuanta teoría conspirativa circule. Pero claro, las cosas de la realidad –y hablo de materialidad sin percepción subjetiva, que eso son, al fin, las letras de molde garabateadas “ad infinitum” en los futuros combustibles del asado dominguero– se empecinan en quitarnos toda pasividad.

Y uno se exalta, como si valiera la pena. La incansable búsqueda de demonios no cesa. Globovisión halló en Chávez a su medida justa. Y la SIP y cada medio se encargó de defender los intereses de las empresas periodísticas. Clarín, La Nación y cada empleado de alguna de las sucursales numerosas de los multimedios. Se embarcan en falsas modestias y apelan a un latiguillo harto conocido: defendamos la libertad de prensa. Ya hablamos de la SIP y sus acciones por omisión en Honduras, por ejemplo. Esos son los aliados del poder.

El corporativismo hace de cada Noble un aliado. Cuentan con las adictas declaraciones de ADEPA, que llamó a “un debate desapasionado”. Se puede tolerar cualquier interés comercial, pero no la pasión subjetiva. La corrompida subjetividad siempre afecta a los defensores de la objetividad y su bella neutralidad. ¿Hay algo menos interesante que un debate carente de pasiones e ideas? ¿Cómo sostener una postura cualquiera sin pasión? Quizás sea por eso de que la verdad es una sola y, por supuesto, es la de ellos.

Dijimos ya que es hipócrita que se opongan al proyecto de ley de servicios audiovisuales en nombre de la libertad de prensa. La libertad de empresa, que por cierto es lo que defienden realmente, los ampara en su lucha colectiva. La burguesía siempre se unifica ante el miedo de perder un beneficio y, con mucha claridad, Bertol Brecht supo definir su consecuente ideología: “Un fascista es un burgués asustado”.

La cooperación de Clarín, Globovisión, La Nación, el grupo UNO, TyC, y demás, es conmovedora. Cada día el instrumento de Noble se encarga de resaltar un nuevo y resonante rechazo al proyecto de modificar la regulación del sistema audiovisual. Hoy sumaron un nuevo apoyo. Citan a las notas editoriales de El País, de España, como irrefutable prueba de la locura dictatorial de los Kirchner. Olvidan destacar que PRISA, empresa dueña del diario ibérico se verá afectada por la reducción y regulación de licencias que prevé la nueva ley. Incluso una de las periodistas que opinan en El País admite eso. Y Clarín levanta esa data en su nota. Hipócritas desde los titulares y las opiniones, ya ni siquiera se molestan en ocultar sus intereses.

Y es bueno ver cómo se unen los burgueses asustados. En defensa de sus beneficios y el lucro de sus negocios se oponen a la demencia de un matrimonio monárquico. Lo único que molesta, a decir verdad, es la falsa imagen de adalides de la libertad. El resto no incomoda, si hasta facilita la lectura de la situación y desenmascara a los portadores de, una vez más, el sentido común.